HOMENAJE- Se lo pidió Rodion Shchedrin, su esposo, que fuera él, Ricardo, su amigo íntimo, el que comunicara la triste noticia de la repentina muerte de Maya. Por eso hemos tenido el privilegio de escuchar, más bien confirmar lo maravillosa que fue Maya Plisestskaya como persona y como artista. Maya, quien no renegaba de sus orígenes judíos era, -nos cuenta Ricardo Cué (uno de los más prestigiosos nombres de la danza en España)-, "libre, la mujer sin ley", una artista genial pues "buenos hay muchos, grandes muy pocos y genios casi ninguno". Cué, quién regaló a Plisetskaya sus primeras castañuelas verdaderas, quién estuvo detrás de la concesión de su Príncipe de Asturias de las Artes en 2005, quién contempló con éxtasis su último cisne "en puntas" con 71 años nos habla de su amiga con la que compartió tantas horas, de su Maya, de la diva que siempre decía "gracias".
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