MÚSICA CLÁSICA - Ya saben: el próximo 25 de agosto Leonard Bernstein cumpliría cien años y todo el mundo musical está preparándose para homenajear al director, compositor, pianista, musicólogo y divulgador. Y nosotros, por supuesto, no íbamos a ser menos. Por ello llevamos varias semanas disfrutando de las abundantes y excelentes grabaciones que dejó para la posteridad. En programas anteriores hablamos de su vida familiar y de sus comienzos, pero no menos importante fue su actitud en el podio. Bernstein era muy gestual, extrovertido, hasta el punto de que muchos criticaban su gestualidad exagerada, demasiado americana para algunos. Pero los componentes de las orquestas lo adoraban, especialmente los de la Filarmónica de Viena y la Israelí, de la que fue un frecuente director invitado. Entre los compositores en cuya interpretación brillaba destacan Mahler, Copland, Brahms, Shostakovich, Gershwin y él mismo. La última vez que estuvo al frente de una orquesta fue en Tanglewood el 19 de agosto de 1990 con la Orquesta Sinfónica de Boston, con la que interpretó Four Sea Interludes de Britten y la Séptima Sinfonía de Beethoven. Murió poco después, el 14 de octubre de 1990, cinco días después de anunciar su retirada, como consecuencia de un infarto de miocardio. Le oiremos en una pieza orquestal del ruso Sergei Prokofiev dirigida al público preferido de Bernstein y al que dedicó su inolvidable serie de conciertos para jóvenes por la televisión durante muchos años: Pedro y el lobo, opus 67, compuesta en 1936, con Lenny al frente de la Filarmónica de Nueva York.
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